Es
como volver a meter en la heladera el pote de Casancrem vacío. Como no tirar
esa lapicera que definitivamente no anda más. Como seguir guardando la remera
de Mickey que ni siquiera usas de pijama.
Es
difícil despedirse, incluso de las cosas, incluso de manera inconsciente de una
birome que claramente no te interesa, ni la queres, ni te perjudicaría
empujarla al precipicio del tacho de basura. Sin embargo la guardas, como al
pote de Casancrem, y a la remera de Mickey. Y mañana, mañana vas a querer
escribir algo y maldecir al ver que no funciona; vas a querer hacer mas sabrosa
una tostada y vas a putear porque el puto pote esta putamente vacío; vas a
ponerte de mal humor cuando busques algo que te queres poner y no lo encuentres
y digas “¿para que mierda guardo tanta ropa al pedo?”
Y
así es. Y así, también, es como no te despedís de tantas otras cosas, de
relaciones, de miedos, de costumbres.
Relaciones que ya no te generan lo mismo, miedos que ya no tenes,
costumbres que ya no te sirven. No, no están presentes todo el tiempo, pero
están amontonados en algún rincón. Y también, desde ese rincón, te van
perturbando de a poquito, como la lapicera, como el pote de Casancrem, como la
remera de Mickey.
Renovar
la cartuchera, limpiar la heladera, reordenar el placard. Es como eso.
-Por
Nati Jota-